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Arquidiócesis de San José - General

Mediante un programa de micro créditos solidarios de la Iglesia, los privados y privadas de libertad pueden trabajar en un negocio propio que les permite mejorar la economía de sus familias.

Ana Cecilia Espinoza C.
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Las cárceles están etiquetadas como escuelas del delito, sin embargo tras las rejas se encuentran historias de superación y reinserción social. De ello son testigos decenas de agentes de pastoral penitenciaria que acompañan a los privados y privadas de libertad.

Se trata del voluntariado de la Pastoral Carcelaria, personas que saben escuchar sus historias y brindarles un acompañamiento espiritual, así como guiarles en la búsqueda de soluciones para que puedan tener un trabajo digno con el cual cubrir las necesidades de sus familias, después de haber cumplido con sus sentencias.

La Pastoral Penitenciaria es una rama de la Pastoral Social, dedicada a atender a los privados de libertad, desde los aspectos religiosos, humanos, asistenciales, jurídicos y sociales. De acuerdo con Alejandra Solís, coordinadora de esta área, la acción pastoral vela por los internos, así como por sus familiares. Además se ocupa de las personas que pasaron por la cárcel. “La gente tiene muchos estereotipos acerca del tema de la delincuencia, pero desde nuestro trabajo sostenemos que la doctrina del Evangelio y el amor de Jesucristo hay que hacerlos vivos y demostrarlos con obras”, afirmó.

Para ello la Pastoral trabaja en coordinación con los centros penales, para estudiar los casos de privados de libertad que han obtenido regímenes de confianza, con el fin de apoyarles mediante el programa del micro crédito solidario, a fin de que puedan recuperar el oficio que tenían antes de ingresar a prisión. Dicho crédito les permitirá reinsertarse en la sociedad y ayudar con la economía del hogar.

“Como Iglesia la persona humana ha estado siempre en el centro de las preocupaciones y ocupaciones pastorales. Tenemos que pensar que Jesús siempre ubicó a la persona por encima de cualquier principio, aún legal; siempre actuó a favor de su liberación y de todo aquello que pueda ser signo de opresión”, destacó Solís.

 

¡Sí se puede!

Por una decisión errada, Martha Ramírez ingresó a la cárcel de mujeres a descontar cinco años y cuatro meses de prisión: “Estaba pasando una situación muy difícil con mi familia, tenía a cargo a una nieta de mi hija menor quien la había abandonado. Tenía mi propio negocio de costura, pero los problemas en la casa fueron creciendo debido a que mi hija comenzó a consumir drogas, y se metía a mi casa a robarme las cosas. Llegó un momento en que no tenía ni para darle de comer a mi nieta, no tenía dinero para cubrir los gastos de graduación del Kinder. Vivía momentos de mucha angustia, cuando alguien me dijo que me pagaba diez mil colones, si pasaba un paquete a un joven en la visita de la cárcel de La Reforma. En mi desesperación acepté y cuando ingresé a la cárcel los guardias notaron el miedo que yo tenía en ese momento y decidí tirar el paquete al zacate. Lo recogieron y me arrestaron…. Se me cayó el mundo encima, pero Dios es bueno, y tengo una segunda oportunidad que no la voy a cambiar por nada en este mundo….”, narra.

Su buen comportamiento en prisión le permitió acceder a la libertad condicional y tras un estudio obtuvo un micro crédito con el cual compró una máquina de coser y materiales de costura con los cuales se gana la vida honradamente.

 

Capital semilla

Mainor Mora, un hombre de 39 años, no tenía razón alguna para dedicarse a actividades ilícitas, pues según cuenta tenía un trabajo digno… pero un día alguien le habló de que podía ganarse la plata “más fácilmente”: “Mi salida condicional de la cárcel ha sido una verdadera muestra de la misericordia de Dios; algún propósito tiene Él conmigo, porque reconozco que cometí delitos imperdonables, pero solo El pudo perdonarme. Gracias a Dios, nunca asesiné a nadie, quizás estuve a punto de hacerlo, pero ahora creo que el Señor me libró de eso. Desde hace un año me dieron el capital semilla y ahora tengo a 10 personas a mi cargo en mi taller de zapatería, ellos me motivan a seguir adelante y de alguna manera poder devolver a la sociedad los daños que cometí. Ahora sé lo que realmente es tener libertad, pero la libertad en Cristo….”.