A lo largo de años, el trabajo de diferentes grupos pastorales, ha rendido frutos. Sin embargo, siempre queda la sensación de que podrían haber sido mucho mayores…
Esto se debe a la gran cantidad de limitantes que existen dentro de las mismas cárceles, las limitaciones personales de los miembros de pastoral, tales como tiempo, recursos disponibles, conocimientos y talentos de los diferentes miembros de la pastoral.
En general se observa que resulta muy difícil, para los privados de libertad, el reintegrarse a la comunidad en forma honesta y productiva. Esto se debe a varios factores, sin embargo, uno de los más importantes, es la prisionalización misma, la cual, lejos de cumplir su cometido nominal, el de “readaptar socialmente” al individuo, más bien lo desadapta, lo aliena y le llega a provocar miedo y desconfianza a la sociedad. No olvidemos, que el internar a una persona en la cárcel, es un castigo muy violento. No solo se le separa de sus seres queridos, sino de su forma de vida. Se le obliga a vivir en condiciones sumamente difíciles y hostiles, por años.
Recogiendo experiencias de privados de libertad egresados, junto con las de miembros de equipos pastorales que por años han visitado las cárceles del país, planteamos un nuevo esquema de trabajo, que nos permita llevar el mensaje de esperanza e impactar en la vida de aquellos que lo reciban, con mayor efectividad.
Somos conscientes, de que unas cuantas actividades por semana, donde un pequeño porcentaje de la población penal asiste, no son suficientes. Sabemos que para alcanzar una vida espiritual rica, hace falta la experiencia de Dios, hace falta la formación espiritual y hace falta el diálogo don el Señor, en forma diaria, continua. En general, no resulta factible, por las limitaciones de los mismos centros penales, llevar a cabo gran cantidad de actividades, sin una activa colaboración, tanto a nivel de los funcionarios penales, como a nivel de los internos.
Para ello es de gran importancia, establecer un objetivo y planificar el trabajo para lograrlo. El plan consiste en una serie de pasos sucesivos, que permitan la integración de los privados de libertad a sus comunidades, a la hora de salir de los centros penitenciarios.
El privado de libertad es una persona, con una variedad muy grande de características, por lo cual es imposible de caracterizar en un perfil único. Sin embargo, podemos trabajar a partir de consideraciones generales, que nos permitan acercarnos con cierto grado de confianza en cuanto a que ofrecerle.
La persona en reclusión, es una persona agredida por la sociedad, en el sentido de que está experimentando un castigo sumamente fuerte, merecido o no, que lo hace sentirse hasta cierto punto victima. Lo vulnerabiliza y lo presenta sediento de consuelo, de afecto y con una importante cantidad de necesidades materiales y espirituales, sin satisfacer (tanto suyas como de sus seres queridos), que le provocan una cantidad importante de ansiedad y congoja.
Moralmente, tiende a ser una persona con valores similares a los nuestros, a veces inclusive con una gran solidez, pero frecuentemente presenta desviaciones importantes.
Lo único que podemos concluir en forma general, es que cada privado de libertad es un ser humano con dignidad de hijo de Dios y amado profundamente por El. Con sentimientos, carencias y virtudes, igual que cada persona normal.
Objetivo: Integrar al privado de libertad a la comunidad católica del centro, para que participe en diferentes actividades formativas, sacramentales y espirituales.
Medios:
Objetivo: Lograr un crecimiento paulatino y estructurado en la fe de los miembros de la comunidad, mediante cursos formativos especializados, para llevar al participante a iniciar un proceso de conversión y compromiso en la fe, implantando así la base de una moral cristiana, con sus respectivos valores, sobre la cual se ha establecido el orden de nuestra sociedad actual.
Medios:
Es en este paso, donde destacarán personas con carismas especiales, que sirvan a sus compañeros de diferentes formas: Liderando mini comunidades, sirviendo a la comunidad católica, dentro de un comité de internos, que organiza y promueve actividades y además brinda apoyo interno a los grupos externos que acuden al centro.
Objetivo: Preparar la salida de cada privado de libertad a la comunidad, de forma tal que el privado pueda experimentar que la comunidad ya no le señala, sino que lo recibe con apoyo concreto y amor, como a un hermano en Jesús que es.
Requisito: Participar regularmente en actividades y cursos formativos, que den indicios claros de que el privado de libertad ha iniciado un proceso de conversión sincera.
Ello por cuanto es necesario, evitar las malas experiencias, que pudieran poner en riesgo el apoyo al plan de integración de privados de libertad a las comunidades.
Medios:
Objetivo: Coordinar el egreso de los privados de libertad con las comunidades receptoras, de forma tal que desde un inicio se puedan integrar activamente a la comunidad católica, ya desde la perspectiva de ciudadano libre, con goce pleno de sus derechos y cumplimiento de sus obligaciones.
Medios:
De cada centro se requieren una serie de recursos, además de cooperación y disposición activa para lograr los objetivos:
Grupos Externos de Apoyo:
Los grupos de la Pastoral Penitenciaria, así como otros grupos y movimientos de la Iglesia, constituyen un recurso de gran importancia para el impulso y desarrollo del plan, puesto que tienen entre sus tareas el anuncio, la formación y el enlace con las comunidades de destino de cada interno. Tienen acceso a gran cantidad de recursos insustituibles, para la realización del plan. De estas agrupaciones se requiere:
Comité Católico:
El comité católico del centro, preferiblemente con el decidido apoyo del párroco, deberá jugar un papel activo para lograr la coordinación de actividades y el progreso de los miembros de la comunidad. Sus principales aportes serán:
Iglesia:
La iglesia, a través de las parroquias, así como por medio de los diferentes movimientos y organizaciones que la componen, posee recursos valiosísimos para la realización del plan en todos sus pasos:
La mayor parte de las veces, el trabajo de los grupos que visitan cárceles, se centra en el anuncio, o bien, en temas puntuales, pero generalmente carentes de una estructura secuencial. A lo largo de años de prisión, es frecuente escuchar que los temas son “lo mismo de siempre” o “nada nuevo”, lo cual va enfriando la participación de los católicos.
La prisión, fuera de ser un terrible castigo, es una oportunidad de oro, para concentrarse en aprender de Dios, conocerle a El y conocerse a si mismo. Es comparable a entrar a un convento, por un tiempo determinado. ¡Aprovechemos este tiempo de “claustro”, de “retiro espiritual”!
Con esto en mente, proponemos un programa de Formación estructurado en niveles de conocimiento, esperando que en paralelo, se vaya dando el crecimiento espiritual correspondiente.
Nivel I
· Kerigma
· Taller de Oración y Vida
Nivel II
· Perseverancia en la fe
· Catecismo
· Curso Bíblico
· Apologética
· Sacramentos
· Iglesia
Nivel III
· Sanando las Heridas de la Vida
· ¿Qué es ser discípulo de Cristo?
· Curso Bíblico Avanzado
Actualizado ( Miércoles, 21 de Abril de 2010 21:37 )